El Grupo Visegrado: ¿Los raptores de Europa?

En toda gran comunidad existe un grupo discordante y crítico que trata de elevar la voz de ideas menos populares. La Unión Europea no iba a ser una excepción. Y no hablamos de partidos populistas euroescépticos como el AfD en Alemania o el Front National en Francia, ni siquiera de Reino Unido y su Brexit; sino del llamado Grupo Visegrado (V4). Basándose en el principio de que juntos tienen más influencia que separados, Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia representan la alianza no tanto euroescéptica, ya que no abogan por abandonar una Unión que tanto les ha aportado, si no eurocrítica, escéptica de Bruselas, que apuesta por un cambio fundamental en el rumbo de la Comunidad Europea. ¿Quiénes y por qué forman parte del Grupo Visegrado? ¿Cuáles son sus prioridades? ¿Y sus diferencias? ¿Representan una verdadera Unión o, por el contrario, son una mera alianza por intereses propios?

La deriva rebelde

En el año 1991, y tras la caída del telón de acero, el líder checoslovaco Václav Havel se reúne con Lech Walesa, presidente polaco, y József Antall, primer ministro húngaro, con el objetivo de unirse y avanzar hacia la Comunidad Europea defendiendo sus intereses comunes. De esta manera, nace el Grupo Visegrado contemporáneo, cuyo nombre hace referencia al homónimo creado en otoño de 1335. Entonces, Carlos I de Hungría reunió en la fortaleza de la ciudad húngara de Visegrado, al rey Juan de Bohemia y a Casimir III de Polonia; con el objetivo, paradójicamente, de sortear las imposiciones comerciales que llegaban desde Viena. Como vemos, esa tendencia de unión ante el enemigo externo ya existía hacía siete siglos en una región estigmatizada por las continuas invasiones que sufrieron a lo largo de la historia por diferentes potencias externas.

(Castillo de Visegrado, Hungría)

En el contexto del final de la Guerra Fría, tenía sentido unirse para alejarse de la esfera soviética y apostar por una integración en la Unión Europea. De nuevo, uniéndose para cooperar y alejarse de las presiones extranjeras. Además, desde Bruselas, en cierta medida, se veían en deuda con una parte de Europa que había sido menos favorecida por la historia. Sin embargo, y tras un giro de los acontecimientos, el propio grupo, manteniendo su posición pro-Europa (aunque a diferentes niveles) ha tomado una deriva crítica con respecto a la Unión. El Brexit, el auge de los populismos, el euroescepticismo, la burocracia europea y, sobre todo, la cuestión migratoria, han provocado que estos países observen la necesidad de elevar una voz cuanto menos discordante contra el establishment.

La ¿ideología?

Las ideas que unen a los cuatro países de Visegrado pueden ser resumidas en tres pilares básicos. El principal punto de unión entre sus miembros radica en el rechazo que sienten hacia una Bruselas burocrática que niegue – o menosprecie – la soberanía de los Estados, la cual consideran que es fundamental que sea respetada a todos los niveles. En segundo lugar, y observando la clara Orbanización del grupo, un elemento fundamental de su discurso es la aversión a la inmigración ilegal, de la que culpan, de nuevo, a Bruselas. Finalmente, y sobre todo Hungría y Polonia, parecen querer acabar con el Estado de derecho, siendo incluso el primero calificado de “autocracia competitiva”.  Además, todo ello incluyendo un nacional-populismo con elementos incluso religiosos ya variando en función del país.

(Manifestación contra las preocupaciones el aumento de la corrupción en Eslovaquia. En la pancarta, el Primero Ministro Peter Pellegrini)

Entonces, ¿qué quieren desde Visegrado? Principalmente una “Europa de las Naciones” más fuerte pero no a través de un aumento de las competencias cedidas a la UE, sino remarcando la importancia de la autonomía de cada uno de los estados, de su soberanía y bajo la idea de que, fortaleciendo a las mismos, se fortalecerá la Unión. Sin embargo, no es tan fácil. Los propios miembros, además de no haber logrado hacer propuestas significativas de cambio, parece que tienen más diferencias que similitudes. Por tanto, en ocasiones se hace complicado entender su visión de grupo, de alianza, de forma sólida y eficiente:

(Primeros Ministros de los Miembros de V4 en junio de 2019)
  • Mientras que Polonia se encuentra alejada de la esfera de influencia de Rusia, declarándola incluso como uno de sus mayores enemigos, Hungría y Eslovaquia son, en cambio, mucho más rusófilos.
  • Eslovaquia es el único miembro de V4 dentro de la Eurozona, por lo que se encuentra mucho más incluida en el núcleo europeo que el resto. De hecho, a diferencia de sus socios, es el único país que ha decidido alojar a refugiados, poniendo en duda uno de los pilares de Visegrado y “rompiendo” así la coherencia en el discurso del grupo.
  • Mientras Hungría y Polonia añaden a su discurso el factor religioso, autoproclamándose cruzados de la “recristianización” de Europa, reconociendo el cristianismo como la raíz del continente y de nuestra cosmovisión, y poniéndolo como base para su proyecto europeo; la República Checa, en cambio, es de los países más agnósticos de Europa.

Observamos, con todo, que existen dos partes claramente diferenciadas dentro de la alianza en función a su actitud con respecto a la integración europea. Por tanto, este V2+2 estaría dividido entre los ejes Varsovia-Budapest (o polis malos) y Praga-Bratislava (o polis buenos). Los primeros, pese a declararse claramente europeístas en todas las encuestas, son aquellos que elevan la voz más discordante, la actitud más “rebelde”, aunque a ellos les sigue separando un factor fundamental: Rusia. Los segundos, aunque se muestren mucho más euro-friendly, siguen estando separados por sus diferentes niveles de integración, siendo Eslovaquia la más integrada y, curiosamente, la República Checa uno de los más euroescépticos según las encuestas. Vemos, incluso, que hasta este V2+2 sigue siendo una aproximación muy somera de una realidad compleja. ¿V4? ¿V2+2?¿V1+1+1+1?

Conclusión

El Grupo Visegrado nace, renace, y se renueva, por la necesidad de levantar una voz contraria al status quo. En este caso, ya no tanto a Europa, si no a Bruselas. Cuatro países se han unido, de forma histórica, para apoyarse en aquellas ideas e intereses comunes que por razones tanto geográficas como ideológicas comparten o han compartido. Sin embargo, no debemos olvidar que cada uno de ellos tiene sus propias características y su propia historia a nivel individual. Como resultado, y basándose en el principio que ellos mismos buscan dentro de la UE de defensa de la soberanía de los Estados e independencia, anteponen los suyos propios a los de la alianza. De este modo y, aunque estén consiguiendo sacar a la luz asuntos necesarios dentro de la Comunidad Europea, logrando que la sociedad civil reflexione sobre cuestiones que parecían tener solo una respuesta correcta; su propio afán de autonomía y las diferencias sustanciosas que hay entre ellas llevan a que, como actor regional, el Grupo Visegrado carezca de la coherencia y fortaleza necesarias para convertirse en un verdadero agente de cambio internacional.

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