El ¿retorno? de la inmigración (I): El pulso de Erdogan

Turquía vuelve a atacar Siria. No es una novedad, ya lo hizo en 2016 y 2018, con las operaciones “Escudo del Éufrates” y “Rama de Olivo”. La novedad esta vez es la unanimidad interna que respalda la operación, la gran oposición exterior que la critica, y la confusa actuación de Estados Unidos, que empezó haciendo lo primero y ahora lidera lo segundo. 

Esta operación, llamada “Primavera de la Paz”, tiene como objetivos cortar líneas de abastecimiento de las fuerzas sirias, eliminar la presencia terrorista en el norte de Siria, y establecer una base de operaciones conjuntas con Estados Unidos. Pero ¿esto cómo afecta a la crisis migratoria? Y más aún, ¿cómo afecta a Europa?

El presidente de la República de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, ha amenazado a la Unión Europea con abrir el paso a más de 3,6 millones de refugiados sirios ubicados en la frontera turca si Bruselas continúa criticando, o condena, su ataque a Siria. Con ello se rompería el acuerdo firmado entre la UE y Turquía en 2016 para dar solución a la crisis migratoria en la ruta del Mediterráneo Oriental, cuyos refugiados provienen de la zona del mar Egeo y países de Oriente Próximo; especialmente Siria, Afganistán e Irak. Pero antes de esto, volvamos atrás para entender mejor de dónde, cómo y por qué viene este conflicto.

La crisis migratoria se agudizó especialmente en el año 2015, cuando las personas afectadas por los conflictos en el centro de África y Oriente Medio comenzaron a llegar a la zona del Mediterráneo – en concreto más de 911.000 refugiados, de los cuales 3.550 perdieron la vida -.  Tras una serie de situaciones flagrantes, como fueron la muerte de más de 600 personas en aguas libias, los 71 muertos en un camión frigorífico abandonado en Austria o la imagen de la muerte del niño sirio de 2 años, Alan Kurdi, todas en 2015, la Unión Europea puso en marcha una serie de medidas preventivas para que tales imágenes no se volviesen a producir. 

Varias de ellas estuvieron muy orientadas a frenar los conflictos relacionados con Europa Oriental. El primero, el Plan de Acción Conjunto UE-Turquía fue adoptado ese mismo año, en 2015, con el objetivo de coordinar mejor la respuesta a la crisis de los refugiados provenientes de la guerra en Siria. Esto supuso un incremento de cooperación entre los Estados miembros y el país turco mediante un refuerzo de la implicación política y financiera de cada uno. La UE también se comprometió a proporcionarle a Turquía fondos adicionales anuales como ayuda para hacer frente a la cantidad de refugiados sirios establecidos en el país. La cantidad inicial fue de 3.000 millones de euros: 1.000 millones procedentes del presupuesto de la Unión, y 2.000 millones aportados por los Estados miembros. 

A raíz de este presupuesto se puso en movimiento el Mecanismo de Coordinación de la UE para los refugiados en Turquía.  Con ello, el Consejo Europeo acordó en 2015 por petición de los Estados, la asignación oficial de fondos en ayuda a Turquía con regulación mensual. Gracias a este mecanismo, 500.000 niños sirios tienen acceso a la educación, cerca de 220.000 niños han sido vacunados, y más de un millón de familias reciben apoyo socioeconómico mensualmente, entre otros. 

Con todo esto, se redactó la Declaración UE-Turquía, en marzo de 2016, que abordó en su totalidad todos los problemas derivados de la Ruta del Mediterráneo Oriental. Allí quedaron establecidas varias pautas de cooperación, entre las que destacan: 

  1. Todos los migrantes irregulares que pasen de Turquía a las islas griegas a partir de marzo 2016, serán devueltos a Turquía. Aplicándose en plena conformidad con el Derecho Internacional y de la UE, se descarta todo tipo de exclusión colectiva. Asimismo, se establece una distinción entre los migrantes que entran en las islas griegas de manera regulada y cuya solicitud de asilo es tramitada individualmente; y aquellos que acceden a las islas de forma irregular y que, por tanto, serán devueltos a Turquía. 
  2.  Por cada sirio retornado a Turquía desde las islas griegas, otro sirio procedente de Turquía es reasentado en la UE, teniendo en cuenta los criterios de vulnerabilidad de las Naciones Unidas. 
  3. Turquía es la encargada de tomar todas las medidas necesarias para evitar la apertura de nuevas rutas marítimas o terrestres de migración ilegal desde Turquía a la UE. 

Este acuerdo entre la Unión Europea y el gobierno turco sustituyó en gran medida a la, has entonces conocida como, Operación Poseidón – centrada en la vigilancia fronteriza de las fronteras marítimas entre Grecia y Turquía desde 2006 –. 

Gracias a estos acuerdos de coordinación y cooperación internacional, el número de migrantes y refugiados irregulares ha sido reducido de más de 10.006 llegadas diarias en 2015, a un promedio por debajo de 80 al día. Actualmente los acuerdos de control migratorio con Turquía siguen en pleno funcionamiento, con la reasignación en 2018 del nuevo presupuesto de ayuda a Turquía, donde la Unión Europea pasó a financiar la mayor parte de la cantidad acordada (2.000 de los 3.000 millones). En el proyecto de presupuesto de la UE se han previsto fondos adicionales para el Mecanismo, rozando la cifra de uno 500.000 millones. 

Con los últimos movimientos del gobierno turco, los mecanismos de cooperación con la Unión Europea comienzan a estar en la cuerda floja. 

Todavía están pendientes de analizarse los daños colaterales de la última invasión turca en Siria, así como la postura que va a adoptar la Unión Europea ante el chantaje de Erdogan con las fronteras de migrantes sirios en el Mediterráneo Oriental. También se desconoce hasta qué punto aumentarán las olas de migrantes provenientes de Oriente Próximo en los meses venideros, puesto que la mayoría de ellos se están desplazando al interior de Siria. Lo que sí que está claro, sin embargo, es que la migración en el Mediterráneo Oriental está lejos de ser un desafío solucionado. 

Esta entrada fue publicada en Análisis, Briefings. Guarda el enlace permanente.