El ¿retorno? de la inmigración (II): Libia, el infierno del Mediterráneo

La mitad de los niños y mujeres atrapados en Libia han sido violados. Se venden hombres por cuatrocientos euros. Decenas de cárceles ilegales controlan directamente la trata de personas y utilizan las prisiones para mantener a los migrantes esperando. Regresar a Libia significa volver al infierno, pero no pudimos ayudarles. 

Estos son solo algunos de los titulares empleados en los últimos meses en referencia a las olas de inmigración provenientes del Norte de África. Y es que a pesar de que las cifras hayan bajado y que el fenómeno de la inmigración se haya normalizado, Libia sigue siendo el “agujero en la red” de contención de inmigración ilegal en el Mediterráneo. 

Al igual que con las rutas de inmigrantes en el Mediterráneo Oriental, no fue hasta 2015 que la crisis se agudizó hasta el punto de necesitar una intervención inmediata por parte de la Unión Europea y demás países implicados. 

Bajo las nuevas medidas de inmigración de la UE, en 2015 se creó la llamada “operación EUNAVFOR MED Sophia”. Esta nueva puesta en acción de la Unión Europea en el Mediterráneo tenía como principal objetivo acabar con las mafias de la inmigración ilegal; mafias que ahora se han desarrollado en organizaciones criminales de trata de personas. Con esta operación también comenzaron a entrenarse miembros de la guardia libia, la mayoría ex-traficantes, ofreciendo apoyo logístico a la conocida como Guardia Costera Libia (GCL), con el objetivo de interceptar las pateras llenas de inmigrantes lanzadas por las milicias al Mediterráneo.

La operación tiene también una serie de tareas de apoyo: proporciona formación a la guardia costera y la Armada libias, supervisa la eficiencia a largo plazo de la formación y contribuye a la aplicación del embargo de armas de las Naciones Unidas en alta mar frente a las costas de Libia. Además, la operación también realiza actividades de vigilancia y recoge información sobre la exportación ilícita de petróleo crudo de Libia, de conformidad con las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Por otro lado, a través del programa “EU Emergency Trust Fund for Africa” (EUTF), la Unión ha destinado al menos 286 millones de euros (según cifras actualizadas en 2018) a la “mejora del control de la inmigración” en Libia, a los que se añaden otros 20 millones en asistencia bilateral para temas migratorios. La UE, en colaboración con la agencia de la ONU antitráfico de drogas y crimen transnacional (UNODC), acaba de aprobar otros 15 millones de euros para desmantelar las redes de tráfico de personas en el Norte de África, con Libia como uno de los principales países receptores. No son los únicos programas, a estos habría que añadir las partidas de países concretos, especialmente Italia.

Con este presupuesto se implementan acciones de defensa y prevención en tres regiones: el Sahel y río Chad, el Cuerno de África, y el Norte de África. Estas acciones tiene como objetivos el desarrollo económico de la zona y la generación de empleo, así como mejorar la seguridad alimentaria y la gestión y regulación de la migración en dichas zonas. 

Pero eso no quita que Libia continúa siendo el infierno en la tierra para muchas de las personas que, de un modo u otro, terminan allí. Casi diez años después de que la chispa de la primavera árabe incendiara Libia, llevándose por delante al dictador Muamar Al Gadafi, y cinco años después del comienzo de la guerra civil en 2014, el conflicto libio se ha enquistado y el país norteamericano se ha convertido en el escenario de nuevas guerras “proxy”. Y esquema la interferencia de países extranjeros como Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Turquía o Qatar, ha ayudado a fortalecer algunos actores libios ofreciéndoles medios de financiación, militares y políticos.

En los últimos años el papel de la Unión Europea en las rutas del Mediterráneo Central ha disminuído considerablemente la llegada inmigrantes irregulares a costas europeas y las tragedias, pero esto no significa que la llegada de dichas personas a los países del Norte de África – en concreto Libia -, ya no sea de gran sufrimiento para quienes llevan a cabo la travesía. Ya no se está hablando sólo de inmigración irregular, sino de trata de personas, esclavitud y maltrato, entre otras cosas. Tal vez vaya siendo hora de empezar a mirar la inmigración con otros ojos para llegar a nuevas soluciones que impidan que este infierno focalizado, se convierta en el infierno de mucho otros.

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