Enlargement… what else?

La Europa de los 28 está a punto de desaparecer para siempre. Con el Reino Unido con pie y medio fuera de la Unión, se elevan las voces escépticas y críticas poniendo en peligro el proyecto europeo. Llegados a este punto, Europa puede tomar dos caminos: apostar por ella misma o fragmentarse hasta desaparecer. Mientras que el segundo suena desolador, el primero no es nada fácil. ¿Cómo fortalecer el proyecto? Algunos apuestan por integración y deepening entre los estados miembros. Otros, por recuperar la fórmula que tanto éxito tuvo hasta hace unos años, la ampliación o enlargement, para continuar con el widening. Pero, ¿está la Unión Europea preparada para recibir a más estados? O, mejor dicho, ¿están estos estados preparados para entrar en la Unión?

Para poder hacer un análisis correcto, es necesario clarificar varios conceptos. Partiendo de la idea de Ever closer Union (Unión cada vez más estrecha), el deepening consiste en aumentar la integración entre los estados miembros y el widening en traer más estados a una Unión quizás no tan integrada en sí misma. Así, se establecen dos posiciones cuasi morales con respecto a cuál es la labor de la Unión. En cualquier caso, en este momento, el proceso de ampliación está parado y, aunque exista movimiento en términos de negociaciones, podemos decir con seguridad que ningún estado entrará en la UE hasta, por lo menos, 2025.

Cabe recordar que el proceso de entrada es lento y laborioso. Primero, es necesario cumplir los Criterios de Copenhage (1993) para poder conseguir el status de candidato. Después, y tras demostrar un alto cumplimiento de estos criterios, se establecerían negociaciones y comenzaría un proceso de adaptación a las leyes europeas. Finalmente, y tras la aprobación por parte de todos los estados miembros en el Parlamento Europeo, se redactaría y ratificaría un Tratado de Acceso y la entrada se haría efectiva. Ante esto nos preguntamos, ¿cuáles son los potenciales nuevos miembros? ¿a qué dificultades se enfrentan?

Una historia de ¿éxitos?

Durante años, y pese a las críticas, el enlargement ha sido considerado como el mayor éxito de la Unión Europea. A pesar de haber sido tachado de precipitado en varias ocasiones (véase el caso de Rumanía), se ocupó de colaborar en el proceso de democratización de países del centro y el Este de Europa. Se creó un área que se movía bajo los mismos valores y se logró una integración, aunque a distinta velocidad, que cristalizó en la Unión Monetaria, el Mercado único o el Acuerdo Schengen. Sin embargo, tras varias oleadas satisfactorias, la entrada de Croacia en 2013 puso punto y aparte al proceso, reconociendo que la Unión tenía otras prioridades antes.

Historia de integración europea. Fuente: El Orden Mundial

La Crisis financiera, el Brexit, o los problemas derivados de una entrada precipitada en algunos países del Este/Sureste Europeo han provocado una ola de escepticismo con respecto a este proceso. Los procesos judiciales pendientes ante países como Bulgaria, Rumanía, Polonia o Hungría muestran que quizás estos nuevos miembros no estaban suficientemente preparados. A la vez, nos sugiere que es necesario parar, continuar con la integración y fortalecer la Unión antes de considerar la entrada de más estados.

Se vende membresía… a alto precio.

Por el momento, el foco de la ampliación está puesto en dos regiones: los Balcanes Occidentales y Turquía. A continuación, dejaremos a un lado la situación de la propia UE para centrarnos en analizar en qué situación se encuentran los potenciales miembros e identificar los principales problemas de cada uno.

Montenegro, Serbia y el caso de Kosovo.

A la cabeza de la clasificación están Montenegro y Serbia, siendo el primero el que probablemente acabe venciendo una carrera que abrirá un camino hacia la nueva fase del Enlargement. Sin embargo, no será algo que ocurra pronto. El embajador de Montenegro ante la EU, Bojan Šarkić, reconocía en junio, irónico, que “está más o menos claro” que no es algo que fuese a ocurrir durante la presente Comisión, liderada por Jean-Claude Juncker (2014-2019), haciendo referencia a las palabras del todavía Presidente de la Comisión cuando accedió al puesto. Malas noticias para Šarkić: el proceso de ampliación está parado, por lo menos, hasta 2025, así que durante el mandato de Von der Leyer tampoco verá a su país entrar en la Unión. Simplemente, no es algo que vaya a ocurrir. Y la razón le enfurece. Montenegro se ve perjudicado por el factor “package accession”, que requeriría que el resto de países de la región estuviesen preparados para entrar, de tal forma que lo harían todos a la vez como grupo. “Si un país está preparado, debería entrar”, enfatizaba.

Desde Serbia se sienten de forma similar. Observan que, pese a sus progresos, desde la Unión se toman con demasiada calma el proceso, impidiendo que avance con la necesaria velocidad.  A este ritmo, dudan de poder alcanzar el objetivo de acceso en 2025. Sin embargo, no deben olvidarse de algo mucho más grave que va más allá de cualquier problema interno. Dejando a un lado los criterios de Copenhage, la cuestión de Kosovo es un factor excluyente de cara a su entrada en la UE. Sin resolución, no hay acceso. Una vez resuelto y habiendo establecido relaciones pacíficas estables, Kosovo podría también solicitar el acceso, teniendo antes que solucionar el grave problema de corrupción entre sus instituciones.

Situación actual de los Balcanes Occidentales.

Macedonia del Norte y Albania.

Ambos países han recibido el visto bueno para comenzar con los accession talks y tratar de reducir posiciones con respecto a sus dos vecinos del norte. Sin embargo, Albania parece que lo tendrá más complicado, puesto que, según diplomáticos de la UE, existen presiones en la Comisión para separar a estos dos países en el proceso, reconociendo que a Albania le queda más camino por recorrer. ¿Los motivos? Corrupción, crimen organizado, inestabilidad política… La voluntad de los ciudadanos, especialmente la de los jóvenes, aunque fuerte, no es suficiente. Pero no solo la UE se lo está poniendo difícil, si no también estados miembros. Desde Holanda están incluso dispuestos a suspender el régimen de VISA-Free por el miedo a que sus mafias se muevan con libertad por Europa, dando un claro paso atrás suspendiendo una política que había colaborado a una primera fase de integración de estos países.

Bosnia & Herzegovina.

Habiendo quedado mucho más dañada, tanto económica y política como socialmente, por la guerra, Bosnia se encuentra, desde que aplicó oficialmente en 2016, comenzando la carrera. El choque étnico que se vive entre musulmanes, católicos y ortodoxos, sumado a las correspondientes presiones de sus estados vecinos, ha sido el mayor factor de disuasión. ¿Funciona correctamente el Estado? ¿Es verdaderamente estable? ¿Pueden convivir estas tres etnias de forma pacífica y duradera? Y aunque las respuestas fuesen positivas ¿podemos integrar esta diversa comunidad en la sociedad europea? En cualquier caso, parece que finalmente comienza el proceso: la Comisión publicó en mayo de este mismo año su opinión sobre la aplicación, destacando las 14 prioridades que el país tiene que abordar y estableciendo las pautas a seguir para una entrada exitosa. ¿Cuándo? Ese ya es otro tema.

Turquía.

Habiendo aplicado ya en 1987 para entrar en la Unión (aunque no se le reconocería como candidato hasta 1999), Turquía siempre ha sido un socio clave con el que ha habido conversaciones basadas, principalmente, en los intereses geoestratégicos que su ubicación aportaba. Inmigración, seguridad o lucha contra el terrorismo eran cuestiones que se podían tratar conjuntamente. Sin embargo, sus problemas con respecto al déficit democrático o la falta de libertades siempre han sido un escollo. Todo ello unido al eterno dilema identitario, ¿dónde están las fronteras de la UE? ¿Es Turquía verdaderamente Europa? ¿Tiene sentido su integración en la UE? Como consecuencia, desde junio de 2018 las negociaciones se consideran oficialmente estancadas. Además, pese a las negociaciones para entrar en el régimen de VISA-Free, todavía no se ha alcanzado ningún acuerdo.

Conclusión

En la actualidad, los ciudadanos, sobre todo los jóvenes, somos incapaces de entender una Europa con restricciones. Hemos nacido dando por hecho que lo normal es poder utilizar tu propia moneda en el resto de países, cruzar la frontera sin tener que pedir ningún tipo de documento, poder estudiar y trabajar en el extranjero con los mismos derechos que en tu país… Nos extrañamos cuando nos hablan de que tenemos que pedir un visado cuando nos aventuramos más allá de nuestro continente. En resumen, damos por hecho Europa y, por tanto, no la valoramos.

Europa vive una crisis identitaria severa. El euroescepticismo no solo se encuentra en UK con el Brexit, sino que Francia, Alemania o los países del Grupo Visegrado también alzan una voz cuanto menos crítica. Es por esto que se hace difícil plantear, bajo este contexto, la posibilidad de ampliación de una Unión no unida. Se apuesta por el deepening en vez del widening. Una Unión fuerte, estable y estrecha permitirá que la ampliación, en su debido momento, sea mucho más eficiente. Y más si los candidatos se han podido preparar debidamente, evitando decisiones precipitadas. Sin embargo, potencias como Rusia o China amenazan con establecer vínculos estratégicos con los potenciales miembros, lo cual, a largo plazo, puede acabar por perjudicar a los intereses de la UE. La cuestión es, ¿es el enlargement una opción o una obligación? ¿priorizamos los intereses estratégicos o la estrechez de la Unión? Que es más importante, ¿el widening o el deepening? En cualquier caso, está claro que, sin una unidad fuerte y clara, y sin unos candidatos lo suficientemente sólidos, ampliar no tiene sentido. Quizás lo importante sea establecer este asunto en la agenda con mayor prioridad, sabiendo que es un tema que, sin precipitarse, hay que abordar rápido antes de que otros agentes internacionales actúen más rápido. What else? Calma, trabajo y unión.

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