Una Europa sin guion

Unión Europea. Europa de Naciones. Federalismo. Independentismo. Integración. Irredentismo. Europa vive un momento en el que ideales muy contrarios – y a la vez extrañamente similares – se debaten en un mismo escenario. Desde el final de la Primera Guerra Mundial, el proceso de atomización de Europa en pequeños estados se desarrolló de forma turbulenta. Primero, frenado debido a las aspiraciones territoriales de la Alemania Nazi. Después, y de forma absolutamente diferente, la Unión Europea suponía un contrapunto que también trataba de identificar las similitudes y no las diferencias. Paradójicamente, sería esta organización la que suscitaría hoy en día dinámicas contrapuestas: la salida del Reino Unido y la consecuente motivación de Escocia de retomar sus aspiraciones independentistas para permanecer en la Unión. Separación y Unión. Observamos entonces como, más allá de Cataluña en España, nos encontramos con otros muchos casos muy interesantes de analizar en el viejo continente, como Baviera en Alemania o la República Srpska de Bosnia con Serbia.

Escocia, o la historia de los referéndums interminables.

En 2014 Escocia tuvo más cerca que nunca la posibilidad de convertirse en un estado independiente. Desde Westminster, y bajo el liderazgo de David Cameron, les proveyeron de las competencias necesarias para realizar un referéndum de independencia – ejecutando el famoso Scotland Act –. Sin embargo, una diferencia de hasta 10 puntos impidió que la separación tuviese lugar, dejando a Escocia bajo paraguas británico por, al menos, una generación. Sin embargo, para Nicola Sturgeon, Ministra Principal de Escocia, el Brexit ha cambiado absolutamente la situación. En una región en la que el 60% ha votado por permanecer en la Unión, considera que es lícito realizar una nueva consulta. Por dichos motivos, remitió el pasado 19 de diciembre una carta al recién reelegido Boris Johnson para lograrlo. La respuesta, como se esperaba, fue negativa.

Manifestación a favor de la celebración de un segundo referéndum

Mientras que para Johnson la prioridad principal es respetar la última decisión democrática del pueblo y establecer un Reino Unido – además de asegurar que Escocia salga del estancamiento político en el que lleva sumida ya una década –, Sturgeon critica y enfatiza que la posición británica va en contra de la democracia, puesto que no pueden forzar a Escocia a abandonar la Unión Europea si han decidido en las urnas su deseo de permanecer. Mientras la líder del SNP (Partido Nacionalista Escocés), decide cuál será su próximo movimiento, a nosotros solamente nos queda preguntarnos hasta qué punto el Brexit puede inhabilitar el referéndum de 2014 o si es, en cambio, una excusa de los líderes nacionalistas para satisfacer sus incansables intenciones. En cualquier caso, es importante mencionar que, pese que para Sturgeon el Brexit lo haya cambiado todo, las encuestas reflejan solamente una leve subida del independentismo: del 45% a favor de 2014, hasta un 45-48% aproximados actuales.

Baviera, o el mayor giver para Alemania.

Baviera es la región más rica y la segunda más poblada de Alemania. Tras su exitosa transformación industrial de posguerra, pasando de ser un pueblo mayoritariamente agrícola a dar a luz industrias tan prósperas como Audi o BMW, se ha convertido en el principal “giver” al gobierno federal. De hecho, como estado independiente, Baviera se encontraría entre las 20 mayores economías del mundo. Pese a este proceso, la cultura bávara se ha mantenido ligada a sus tradiciones: los pantalones de cuero, las salchichas
blancas con la cerveza del Oktoberfest, y el catolicismo.

Mapa de Baviera en Alemania

Sería el factor religioso una de las mayores señas de identidad bávaras. De este modo, a nivel histórico, el choque con el protestantismo y la defensa del catolicismo se convertiría en el impulsor principal en sus alianzas estratégicas. Durante el ascenso de la Prusia protestante de Bismarck en el siglo XIX, por ejemplo, se aliaría con la Austria Católica en la Guerra de las Siete Semanas de 1866. Pese al choque, sin embargo, bajo el II Imperio alemán Baviera lograría mantener sus peculiaridades, incluida su familia real, de la dinastía Wittelbach, hasta la Primera Guerra Mundial. Tras la Segunda Guerra Mundial, de hecho, votaría en contra de la Constitución Federal de 1948 – que no le otorgaba las competencias que deseaba en el ámbito federal –, pero terminaría por acatarla debido a la aceptación general.

Todos estos factores, culturales, religiosos, e históricos, no han cristalizado, sin embargo, en un nacionalismo fuerte que en la actualidad pueda representar un reto al gobierno central alemán. Tanto la opción irredente de anexionarse a Austria, como la independentista minoritaria, que aún late débilmente en la actualidad, parece que han quedado en un segundo plano. De hecho, desde el extranjero muchos de los elementos que nosotros vinculamos directamente a Alemania – pantalones de cuero, ropas austriacas, el Oktoberfest y otras costumbres – no son otra cosa que elementos fundamentales del folklore bávaro.

Elementos típicos del folklore bávaro

La República Srpska, o el territorio serbio de Bosnia & Herzegovina.

¿Es posible construir un estado con tres nacionalidades diferentes? Esta es la pregunta que nos viene a muchos a la mente cuando pensamos en Bosnia & Herzegovina, la república étnicamente más compleja de la antigua República Federativa Socialista de Yugoslavia. La secesión del país en 1992 – siguiendo los pasos de Eslovenia y Croacia – la llevó irremediablemente al conflicto. Era un territorio en el que chocaban los intereses irredentes de Croacia y Serbia de crear sus grandes estados, Gran Croacia y Gran Serbia, con una población musulmana en el medio. Slobodan Milosevic, líder serbio, partía con ventaja. Desde Belgrado se habían apropiado de las estructuras yugoslavas y, además, su nacionalismo era el más representativo. El fin de la guerra y el establecimiento de la paz a través de los Acuerdos de Dayton en 1995 no hacían otra cosa que institucionalizar una división basada en el frente del conflicto. Se forma así una separación intraestatal en dos regiones entre, por un lado, bosniacos (musulmanes) y bosniocroatas (católicos) y, por otro, serbobosnios (ortodoxos). Los primeros ocupan el 51% del territorio bajo la Federación de Bosnia & Herzegovina (no confundir con el propio país), y los segundos el 49% restante en la República Srpska, que significa literalmente República serbia.

Se crea así un país en el que sus propios ciudadanos sienten una mayor afinidad con otros estados que con el propio. En la República Srpska son más serbios que en la propia Serbia, últimamente más descafeinada en su discurso y con una transformación social propia de un país que se acerca a la Unión Europea. Sin embargo, por ahora parece que la posibilidad de una secesión de la misma se encuentra parada. La fragilidad del estado, la proximidad de Serbia a la UE y las heridas históricas lo impiden.

El escenario europeo

Como podemos observar, Europa es un escenario complejo. Cuando parece que la obra ha terminado y que el telón está a punto de bajar, siempre aparece un nuevo personaje que cambia la trama. Se activa la tramoya y un nuevo conflicto aparece, radicalmente similar y diferente al mismo tiempo de lo que el director nos había mostrado hasta el momento.

Ya sea a través de movimientos independentistas como el catalán, el escocés o el bávaro, o a través de países con intenciones irredentes sobre otros territorios, como puede ser el caso de Serbia sobre la República Srpska bosnia, o Rusia sobre Crimea o Bielorrusia; lo cierto es que se observan movimientos en direcciones contrarias. Parece que el proceso de integración de la Unión Europea no posee el monopolio de las dinámicas de poder en el viejo continente, y que los estados todavía son un actor fundamental en las relaciones internacionales con mucho que decir – y todavía más que hacer –. Hasta qué punto estas tendencias opuestas son compatibles, es algo que descubriremos con el tiempo. Vivimos en una Europa sin guion.

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